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El glifosato de Monsanto está vinculado con casos de cáncer

jueves, 7 de noviembre de 2013

El glyphosate es un componente importante del herbicida Roundup de Monsanto. Fue creado y fabricado en masa por Monsanto y es uno de los herbicidas más utilizados en el mundo. Una serie de estudios científicos que se hicieron del glifosato han arrojado luz sobre el peligro que posee para el cuerpo humano. Un nuevo estudio pionero ha encontrado ahora que el ingrediente más activo en descendiente herbicida “Roundup” de Monsanto es responsable de abastecimiento de combustible para el cáncer de mama mediante el aumento del número de células de cáncer de mama a través del crecimiento celular y la división celular.
El estudio se publica en la Biblioteca Nacional de Medicina EE.UU. y pronto será publicado en la revista Food and Chemical Toxicology. Varios estudios recientes demostraron el potencial del glifosato como un disruptor endocrino. Los disruptores endocrinos son sustancias químicas que pueden interferir con el sistema hormonal de los mamíferos. Estos disruptores pueden causar trastornos del desarrollo, defectos de nacimiento y tumores cancerosas.
El glifosato ejerce efectos proliferativos sólo en el cáncer de mama dependiente de hormonas humanas. Se encontró que el glifosato exhibió una actividad estrogénica más débil que el estradiol. Por otra parte, este estudio demostró que el aditivo efectos estrogénicos de glifosato y genisein que implicaba que el uso de glifosato contaminados productos de soja como suplementos alimenticios puede representar un riesgo de cáncer de mama debido a su potencial estrogenicidad aditivo. 
Los investigadores también determinaron que el Roundup de Monsanto que se considera un “xenoestrógeno”, es un estrógeno exterior que imita el estrógeno real en nuestros cuerpos. Esto puede causar una serie de problemas que incluyen un aumento en el riesgo de diversos tipos de cáncer, la aparición temprana de la pubertad, problemas de tiroides, infertilidad y más.
Los científicos también descubrieron recientemente que las toxinas Bt que se encuentran en los cultivos de Monsanto están dañando a las células rojas de la sangre, que son clave para entregar oxígeno al cuerpo. Ellos se han relacionado con el cáncer y la pérdida de función renal. 
No se detiene allí, el Roundup de Monsanto también está vinculado con el autismo, el Parkinson y la enfermedad de Alzheimer no hace mucho tiempo.
Al ingerir glifosato, que son, en esencia, la alteración de la química de su cuerpo. P450 (CYP) es la vía gen interrumpido cuando el cuerpo recibe glifosato. P450 crea enzimas que ayudan en la formación de moléculas en las células, así como romper hacia abajo. Las enzimas del CYP son abundantes y tienen muchas funciones importantes. Ellos son responsables de la desintoxicación de xenobióticos del cuerpo, cosas como las diversas sustancias químicas que se encuentran en los pesticidas, medicamentos y sustancias cancerígenas. El glifosato inhibe las enzimas CYP. La vía CYP es fundamental para el normal, el funcionamiento natural de los múltiples sistemas biológicos dentro de nuestros cuerpos. Debido a que los seres humanos que han estado expuestos a glifosato tienen una caída en los niveles de triptófano de aminoácidos, que no tienen la señalización activa necesaria de la serotonina, un neurotransmisor, que se asocia con el aumento de peso, la depresión y la enfermedad de Alzheimer.

Obviamente, la química detrás de glifosato es conocida por Monsanto. El hecho de que se interrumpe la vía gen CYP, las enzimas que juegan un papel importante en la desintoxicación del cuerpo es algo que puede contribuir fácilmente a la enfermedad y la enfermedad. Me pregunto si esto tiene una correlación directa con la industria farmacéutica posiblemente? Las mismas grandes instituciones financieras que poseen las grandes empresas de biotecnología y los alimentos también poseen la mayor parte de las grandes compañías farmacéuticas. Los medios tradicionales de América del Norte siempre promover los transgénicos y el Roundup, así como destacar su seguridad. Eso no podría estar más lejos de la verdad, que dañan su ADN y el genoma de ARN, no sólo con fines de lucro, sino para la experimentación y control. Fidelity Investments, State Street Corporation, JP Morgan Chase y el Grupo Vanguard parecen poseer todas las grandes empresas de alimentos y las empresas farmacéuticas.
Es bueno ver que los medios de comunicación más alternativas comparten y difunden la información en todo el mundo juntos. El mundo está experimentando un despertar masivo como nunca antes, y sigue avanzando a un ritmo exponencial. Estamos viviendo en una época emocionante, ¿no? Roundup de Monsanto es el único motivo de tantas preocupaciones, y puede crear varias condiciones de salud esencial en el cuerpo humano. ¿Por qué estamos ingiriendo estas cosas? ¿Por qué permitimos esto?
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Etiquetas: Glifosato

Quién contra Monsanto?

lunes, 4 de noviembre de 2013

El Relator Especial sobre el derecho a la alimentación de la Organización de las Naciones Unidas, Olivier De Schutter, señaló en su informe (1) que “la agricultura debe reorientarse fundamentalmente hacia modos de producción que sean socialmente justos y más sostenibles”, refiriéndose a la agroecología. Este método busca imitar los procesos naturales del medio ambiente para reciclar nutrientes, integrar cultivos y controlar las plagas sin la necesidad de insumos externos (como los plaguicidas), al mismo tiempo que busca empoderar a los agricultores. Todo es cuestión de tiempo… el que controla la semilla, controla el alimento.

La compañía biotecnológica-agrícola más grande del mundo, Monsanto, ha sido objeto de crítica dentro de los grupos ambientales y medios de comunicación desde la creación del glifosato, componente principal del herbicida más vendido: RoundUp.

Esta sustancia fue elaborada en el 1970 por John E. Franz, un trabajador de Monsanto(2), cuyo descubrimiento lo llevó a ganarse premios dentro de la comunidad científica. Sin embargo, permanece en duda los efectos nocivos que los residuos de glifosato pueden causar en el ser humano. La Agencia de Protección Ambiental (EPA, por sus siglas en inglés), en su documento sobre el re-registro de pesticidas del 1993 (3), indicó que esta sustancia química presenta niveles bajos de toxicidad (Clase III), y su exposición puede causar irritación en la piel, los ojos y la garganta (si es aspirado). Pero, en un reportaje investigativo publicado en Ecoportal.net (4), se denota que las consecuencias pueden ser más severas con la presencia de otros ingredientes “activos” que se encuentran en los herbicidas.

Originalmente, cuando Monsanto fue fundado en el 1901 en St. Louis, Missouri, era una empresa dedicada a la química. Luego, pasó a ser el principal productor de semillas genéticamente modificadas (produce el 90% de las que están en el mercado) para que resistan el herbicida (diseñado para detener el crecimiento de las plagas y las malezas que afectan las cosechas). Según el documental The world according to Monsanto (2008) (5), el herbicida RoundUp fue introducido al mercado en el 1974 como un producto biodegradable y seguro. No obstante, Monsanto fue demandado en dos ocasiones por publicidad falsa y engañosa. La primera fue en 1996 en Nueva York y la segunda tan reciente como el 2007 en Francia.

No es de extrañarse que la empresa haya sido demandada y multada. Actualmente, Monsanto está siendo investigada (6) por la Securities and Exchange Commission (SEC) junto al Departamento de Justicia Federal, porque ha violado los códigos de las políticas de fraude. Entre las acusaciones (7) que están en su contra son: el no mantener sus transacciones y registros al día de manera precisa y transparente, tener a empleados o funcionarios de la compañía que conocen sobre dichos actos sin reportarlos y en ocasiones, omitir datos sobre a quiénes fueron dirigidos los cheques de pago. La multa asciende a aproximadamente $1 millón de dólares y la empresa debe recibir auditoría del Departamento de Justicia por tres años. Curiosamente, Monsanto asintió a pagar por las faltas sin necesariamente aceptar o negar las acusaciones. No ha sido la primera vez que lo hacen.

Por ejemplo, en el documental The world according to Monsanto de Marie-Robin Monique, se demuestra una planta en Anniston, Alabama, donde la compañía descargaba sus desechos tóxicos en los ríos y quebradas que la gente utilizaba para bañarse o pescar. Pero, los habitantes de Anniston desconocían que las descargas no se filtraban y que contenían PCB (Polychlorinated Byphenils) (8), una mezcla de compuestos químicos con cloro, que causan cáncer a los animales y ha producido cambios inmunológicos en los seres humanos.
Cientos de personas en Anniston murieron y otros quedaron afectados por la contaminación. El caso (9) se llevó a corte y Monsanto accedió a pagar $700 millones para compensar los daños. Pero, ningún funcionario en específico ha sido procesado. Parece ser que la vía más fácil es pagar por las faltas y continuar con sus prácticas… y caso cerrado.

¿Etiquetar o no etiquetar? El dilema de los transgénicos
Para entrar en contexto, la primera semilla alterada genéticamente fue la soya, creada en los laboratorios de Monsanto en el año 1996, al cual se le llamó RoundUp Ready debido a su resistencia al herbicida RoundUp, producto también de ellos. Antes de poder ser admitidas al mercado, tenían que ser evaluadas por la Administración de Drogas y Alimentos (FDA, por sus siglas en inglés). Esto ha provocado controversia porque aprobaron el producto con el argumento de que eran “sustancialmente equivalentes” a los alimentos naturales, según documentos revelados en el filme. Además, se reveló en la película que varios ejecutivos de Monsanto pasaron a ser funcionarios importantes en la FDA, lo cual pondría en duda la legitimidad de los estudios científicos para otorgar los permisos.

Por otro lado, organizaciones como el Movimiento Internacional de Consumidores (CI, por sus siglas en inglés), ha estado luchando alrededor de dos décadas para etiquetar los productos que tengan organismos genéticamente modificados (GMO, por sus siglas en inglés), por entender que es un derecho de todo consumidor conocer qué contienen los productos que compra. Finalmente, en la Cumbre Anual del Códex Alimentarius de este año, se aprobó (10) la medida de que cualquier país que desee adoptar el etiquetado no enfrentará sanciones legales de la Organización Mundial del Comercio, luego que Estados Unidos retirara su oposición a la identificación de transgénicos.

Monsanto en Puerto Rico
Monsanto inició sus operaciones en la Isla para el año 1983 (como sucesor de la empresa Asgrow) y actualmente cuenta con dos plantas: una en Isabela y la otra en Juana Díaz. En Puerto Rico, la empresa se dedica a la investigación de maíz y algodón, al igual que la elaboración de soya para ser consumida en los Estados Unidos.

El pasado 30 de junio, Monsanto anunció que establecerá un laboratorio bioagrícola en el municipio de Juana Díaz para investigar mejores calidades de maíz y algodón. Según el artículo publicado en el periódico El Nuevo Día (11), la compañía invertirá $4.3 millones y creará aproximadamente 45 empleos, datos que la industria biotecnológica del País considera beneficioso para la economía. Luego, el mismo diario publicó un reportaje investigativo (12) sobre las dudas, controversias y repercusiones que tendrá los productos transgénicos en la Isla a causa de los impulsos de Monsanto y la empresa bioagrícola Pioneer Hi-Bred para expandir sus operaciones. En este artículo, muchos expertos coincidieron en que estos productos son tóxicos y causarán graves daños tanto al medio ambiente como a la salud.

Uno de los argumentos que se ha utilizado para justificar la introducción de cultivos transgénicos a los países es garantizar la seguridad alimentaria para los habitantes. En cambio, el Relator Especial sobre el derecho a la alimentación de la Organización de las Naciones Unidas, Olivier De Schutter, señaló en su informe (13) que “la agricultura debe reorientarse fundamentalmente hacia modos de producción que sean socialmente justos y más sostenibles”, refiriéndose a la agroecología. Este método busca imitar los procesos naturales del medio ambiente para reciclar nutrientes, integrar cultivos y controlar las plagas sin la necesidad de insumos externos (como los plaguicidas), al mismo tiempo que busca empoderar a los agricultores.
Todo es cuestión de tiempo… el que controla la semilla, controla el alimento. www.ecoportal.net
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Etiquetas: Glifosato, Monsanto

Sofía Gatica, Monsanto, transgénicos, glifosato ¿qué une estos nombres?

domingo, 3 de noviembre de 2013

Sofía Gatica, es argentina, de Córdoba, y organizó a las mujeres del barrio Ituzaingó Anexo para frenar la fumigación indiscriminada en los campos de soja colindantes. Además, ganó este año el premio Goldman, galardón internacional ambiental. Sofía y su compañera del Grupo de Madres, Maria Godoy han estado en España esta semana y en la Good Food March que finalizó el día 19 en Bruselas.

¿A qué te dedicabas antes de emprender la lucha contra la soja transgénica y por qué la iniciaste?
Antes me dedicaba a mi familia y trabajaba haciendo artesanías e inicié la lucha porque mis hijos estaban en riesgo, pues había fallecido mi hija con malformación de riñones y mi hijo no podía caminar después de cada fumigación y tengo una hija con varios agroquímicos en la sangre.

No ha sido un trabajo en solitario. Las madres de la comunidad, las llamadas Madres de Ituzaingó iniciaron la investigación lideradas por ti. ¿Tuvistéis el apoyo del resto de la comunidad? ¿Qué dificultades habéis tenido?
En primer lugar, las madres somos mujeres afectadas. Algunas tienen hijos con malformación, otras con cáncer, otras hermanos con leucemia, maridos fallecidos por cáncer etc. Fue muy difícil tener el apoyo de todo el barrio porque muchos de ellos negaron la problemática por tener planes sociales que se financian con las retenciones de la soja. Tuvimos un montón de dificultades, desde la negación del gobierno para dar respuestas al problema, las amenazas de los sojeros y las presiones en la comunidad.

¿Cuáles han sido las conclusiones de vuestra investigación y qué consecuencias han tenido en tu país? ¿cual ha sido la actuación del Gobierno argentino?
Las conclusiones fueron que la gente en nuestra comunidad se está enfermando por el envenenamiento de la soja transgénica y el glifosato. Hay muchos niños que están naciendo con malformaciones, familias enteras con tumores en la cabeza y cáncer. El 33% de la gente que fallece en nuestro barrio es por tumores y el 80% de los niños tienen agroquímicos en la sangre.

Las consecuencias que estamos teniendo en nuestro país son que la problemática que esta pasando en Barrio Ituzaingó se repite en otros lugares donde están desalojando a los campesinos y pequeños agricultores para imponer la soja transgénica. El gobierno jamás actuó y negó la problemática. Para hacernos escuchar tuvimos que salir a la calle y defender nuestros derechos.

Cuéntanos tu actividad en España y en la Good Food March, así como tus impresiones sobre la respuesta que has recibido en la Unión Europea.
En España participamos en distintas actividades: en Córdoba, Zaragoza y Barcelona con campesinos, agricultores, activistas e investigadores, donde se plantea la misma problemática con los mismos enemigos, las multinacionales y los gobiernos que son cómplices.

En la Good Food March hablamos en el podio y compartimos con los agricultores sus productos en una rica comida. En el parlamento nos sacaron de la programación del día y sólo nos dieron dos minutos para hablar que lo hicimos por medio de otra persona porque no había traducción en español.

Mi impresión de la respuesta de la Unión Europea es igual que en nuestro país. Es como si nos escucharan pero para que todo siga sin cambios.

¿Cómo ves el movimiento de la sociedad civil en Europa contra el cultivo de plantas transgénicas y el uso de agrotóxicos?
La mayoría de la gente de Europa no acepta los transgénicos y está luchando en contra de ellos. Pero el gobierno toma las decisiones e impone consumir a sus animales soja transgénica. Estos animales contaminados son para consumo humano y a la larga terminará con las mismas consecuencias que América Latina donde están enfermando y muriendo miles de personas.

¿Cómo ves el futuro de la agricultura en Europa y la amenaza constante de que se introduzcan cultivos tolerantes a herbicidas? ¿y en el Mundo?
El futuro de Europa está en riesgo al igual que el resto del mundo pues hay multinacinales negociando e imponiendo que cultivar y que comer. El pequeño agricultor está en extinción.

Cuéntanos un poco cuáles son tus planes para el futuro con respecto a esta lucha.
El plan es uno: unirnos contra Monsanto y otras multinacionales que quieren destruir nuestro planeta reclamando nuestros derechos que es el derecho a la vida, a un ambiente sano y recurrir a los organismos internacionales y hacer escuchar nuestra voz.
Luís Ferreirim (@LFerreirim), responsable de la campaña de Agricultura de Greenpeace España
Imagen: Juan Felipe Carrasco
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Etiquetas: Glifosato, Sofía Gatica, Transgénicos

Entrevista a Rodolfo Paramo

Entrevista al Dr. Rodolfo Paramo, médico pediatra del hospital de Malabrigo, provincia de Santa Fe, Argentina. Relata en base a su larga experiencia como médico rural, los innumerables casos cánceres y niños nacidos con malformaciones como consecuencia de la exposición a los agrotóxicos, tanto de ellos como de sus madres en momento de la gestación. (mielomeningocele). Cifras que exceden toda estadística hasta ahora realizada sobre estas patologías.
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Etiquetas: Doctor Rodolfo Páramo, Glifosato, La Salud

Fumigaron con glifosato a una familia en Alvear

Este hecho inadmisible e inhumano ocurrió en la Comuna de Alvear, más precisamente en un sitio denominado Arbilla donde hace tiempo se los vecinos vienen realizando denodados esfuerzos por lograr una ordenanza que impida fumigar cerca de las casas de la Comun.
Esta ordenanza se aprobó, pero no obstante los dueños de los campos del lugar llegan a las 5 de la mañana y fumigan con Glifosato sin importar los daños que puedan ocasionarle a los niños y familias enteras que habitan en las cercanías de la zona. En este sentido, los vecinos sufren habituales reacciones alérgicas, diarrea, dolor de cabeza, naúseas, debilitamiento, mareos, entre otros padecimientos.
La Comuna de Alvear está a 6 kilómetros de la ciudad Rosario, cerca de La Carolina entre la ruta AO12 y la ruta 18. El presidente Comunal es Carlos Piguin.
El Glifosato afecta especialmente a embarazadas puesto que el veneno una vez absorbido, fluye por la sangre por mucho tiempo depositandose en las grasas y al momento de la gestación produce deformaciones y anomalías en los fetos.
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Etiquetas: Glifosato

El Conicet confirmó que el glifosato es altamente tóxico

Por primera vez, una investigación corroboró que el glifosato es tóxico y provoca efectos devastadores en embriones. El estudio, realizado con dosis hasta 1500 veces inferiores a las usadas, comprobó trastornos intestinales y cardíacos, malformaciones y alteraciones neuronales. Piden limitar su uso. En Misiones, cinco de cada mil niños padecen malformaciones relacionadas al uso de agrotóxicos.

Cinco de cada mil niños misioneros tiene malformaciones
(Telam). Una investigación del Laboratorio de Embriología Molecular del Conicet-UBA, perteneciente a la Facultad de Medicina, acaba de confirmar que el glifosato, el químico fundamental utilizado en la industria sojera, es altamente tóxico y provoca efectos devastadores en embriones.
Según Página/12, es la primera vez que una investigación científica de laboratorio corrobora lo que las comunidades indígenas y los movimientos campesinos denuncian desde hace una década.
El estudio, realizado con dosis hasta 1500 veces inferiores a las utilizadas en las fumigaciones sojeras, comprobó trastornos intestinales y cardíacos, malformaciones y alteraciones neuronales.
“Concentraciones ínfimas de glifosato, respecto de las usadas en agricultura, son capaces de producir efectos negativos en la morfología del embrión, sugiriendo la posibilidad de que se estén interfiriendo mecanismos normales del desarrollo embrionario”, subraya el trabajo, que también hace hincapié en la urgente necesidad de limitar el uso del agrotóxico e investigar sus consecuencias en el largo plazo.
El herbicida más utilizado a base de glifosato se comercializa bajo el nombre de Roundup, de la compañía Monsanto, líder mundial de los agronegocios.

En Misiones

(El Paranaense). En Misiones, 5 de cada 1000 niños nacen afectados de Meliomeningocele, una malformación del sistema nervioso central. Los casos se reiteran en las zonas tabacaleras y papeleras, donde se usan agrotóxicos, y el problema se traslada a todo el ambiente, con la degradación del suelo, la contaminación del aire y el envenenamiento de los cursos de agua. La provincia cuenta con una norma creada para evitar estas situaciones, la Ley de Agrotóxicos 2980, que debe ser aplicada por el Ministerio de Ecología.
Los problemas de salud quedaron demostrados por las investigaciones que lleva adelante el doctor Juan Carlos Demaio. Sin presupuesto y contra los intereses de tabacaleras y papeleras, alertó a tomar conciencia y parar de una vez con el uso indiscriminado de agrotóxicos que mal forman el futuro. Cabe tener en cuenta que en Misiones se estima que cerca del 13% de su población tiene alguna discapacidad, duplicando casi la media nacional.
Las investigaciones de Demaio comenzaron con la detección de un gran número de chicos con malformaciones del sistema nervioso central, llamada mioelomelingocele (MMC), que implica que nazcan con la medula abierta, quedando con incontinencia urinaria, fecal y trastornos motores de miembros inferiores. Ante esta detección en 1987 creó el Centro de Investigación, Estudio y Tratamiento de Enfermedades Malformativas de Misiones, que comenzó por identificar en qué zonas habían sido gestados los niños afectados ya que esta malformación se provoca en los 28 días de gestación. “Luego de visitar todas las zonas rurales y ver el consumo de agrotóxicos certificamos que nuestros pacientes venían de los lugares donde más agrotóxicos se utilizaban”, afirmó. “Son 5 de cada 1000 nacidos los nacen con MMC”.

La investigación

Como explicó Demaio, estas investigaciones fueron paralelas a las del genoma humano por lo que se comenzó a buscar en los genes que manejan la detoxificación del medio, cuál podía ser el gen responsable de esta malformación. Trabajaron con niños sin ninguna patología, viendo cómo se comportaba su genoma frente a la presencia de Hidrocarburos Policíclicos Aromáticos que se encuentran como contaminantes, vehículos o en la estructura química principal de muchos plaguicidas que se utilizan en la provincia de Misiones. El resultado fue que los pacientes con MMC tenían una diferencia muy significativa en cuanto al gen estudiado y a las formas mutadas del mismo que le confieren a quien lo porta una susceptibilidad especial a los contaminantes, provocándoles fenómenos de mutagénesis, teratogénesis y toxicidad. La perdida de capacidad de aprendizaje por modificación del genoma humano implica que se sea transmitida a los propios hijos. Todas estas lesiones están contempladas en la ley de agrotóxicos, la cual en su Art. 7 dice que no deben utilizarse aquellos agroquímicos que está prohibido su uso en su país de origen o en un país desarrollado que se haya demostrado que producen las lesiones mencionadas. “Esto se hizo acá, sin presupuesto, sin ayuda y en contra de todos los que financian los proyectos de investigación que les conviene porque esta provincia no se fumiga con la mochila detrás de la espalda, sino con aviones”, señaló, y denunció:”Cuando vemos qué presupuesto tiene para Latinoamérica Monsanto, que tiene su gran agencia acá en Posadas, 30 mil millones de dólares son los que invierten en agrotóxicos para que unos pocos sean muy ricos y para que todos los demás seamos discapacitados”. En el 2001 fue aprobado un proyecto de ley, por iniciativa de Demaio, sobre el uso de ácido fólico en mujeres en edad gestacional, el cual disminuye el riesgo de MMC. Sin embargo, la ley sigue sin cumplirse.
En Misiones la manipulación de estos venenos está regulado por la Ley de Agrotóxicos 2980. Bajo responsabilidad del Ministerio de Ecología.
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Etiquetas: Glifosato, Investigaciones, La Salud

El glifosato produce defectos congénitos

En base a la observación de muchos casos de malformaciones en recién nacidos, malformaciones craneofaciales y del sistema nervioso, en regiones donde se utilizan herbicidas que contienen el principio activo glifosato (1), los científicos argentinos han establecido una correlación entre ambos fenómenos.
Para ello analizaron los efectos de una dilución de 1/5000 de glifosato sobre las larvas de la rana Xenopus laevis.
Publicado en la revista Chemical Research in Toxicolog, los resultados revelan que los embriones presentaban una inusualmente alta cantidad de alteraciones en el desarrollo y la cresta neural cefálica.
Para comprobar estos resultados con concentraciones bajas de herbicidas basados en el glifosato, los científicos están seriamente preocupados frente a los casos de anomalías observadas clínicamente en los niños que viven en las zonas donde la población está expuesta a este tipo de herbicidas utilizados en cultivos transgénicos tolerantes al glifosato.
Basándose en los resultados de este nuevo estudio, MDRGF (2), se exige la aplicación del principio de precaución y la “retirada de la autorización para el uso del herbicida glifosato en el mercado europeo, como medida de prevención contra malformaciones en la población expuesta a este herbicida”.
A mediados de agosto del 2009 se realizó en el Congreso de la Nación la jornada ‘Observatorio del Glifosato’, convocada por la diputada nacional Julia Argentina Perié y de la que participaron más de 140 representantes de distintas organizaciones. La diputada es autora de un proyecto de ley de prohibición de Glifosato, un agrotóxico acusado de provocar serias discapacidades en distintas poblaciones rurales de todo el país. Pero la tragedia ambiental no termina con esta sustancia y la actividad sojera, son varias las industrias y negocios responsabilizados en todo el país de generar graves discapacidades y malformaciones. ¿Será el área ambiental el nuevo campo de concientización y el gran desafío para las sectores y colectivos de discapacidad?
En un momento histórico donde la ciencia se enfrenta a sus propios límites y los nuevos paradigmas médicos intentan volver a abordar al ser humano como una unidad, sería absurdo pretender escindir al hombre de su ambiente y negar que ambos están atravesados por las mismas problemáticas.
El  11 de agosto del 2009 se llevó adelante en el Congreso de la Nación la jornada “Observatorio del Glifosato”, convocada por la diputada nacional Julia Argentina Perié. En el encuentro participaron más de 140 profesionales y especialistas de distintas organizaciones de todo el país, preocupados por las terribles consecuencias que el uso de agrotóxicos está causando en el ambiente y en los pobladores de las áreas rurales.
La diputada Perié es autora de un proyecto de ley acerca del controvertido herbicida glifosato, acusado de causar serias malformaciones y discapacidades en comunidades rurales de distintas regiones argentinas. Con la convocatoria a este observatorio se reanudaron las denuncias y los pedidos de prohibición del empleo de esta sustancia considerada como agrotóxico.
En dicho encuentro, uno de los testimonios más contundentes lo brindó el investigador y científico Hugo Gómez Demaio, jefe del Laboratorio de Biología Molecular de Misiones, quien aseguró que el 86,6% de los niños de hasta dos años de la Colonia Alicia, localidad misionera, padece algún retraso mental demostrable provocado por la aspersión de agrotóxicos. Gómez Demaio afirmó además que “se detectan 60 niños por año con malformaciones” y que el contacto con estas sustancias provoca “modificaciones en su genoma humano” que continuarán transmitiéndose en la descendencia.
Asimismo, Demaio señaló que las malformaciones no son las únicas consecuencias del contacto con los agrotóxicos, el científico remarcó que también provocaría, entre otras dolencias, diferentes tipos de cáncer, insuficiencia renal, enfermedades respiratorias y hepáticas.
En un reciente informe, Francisco Vargas Marcos, Subdirector General de Sanidad Ambiental y Salud Laboral del Ministerio de Sanidad y Consumo de España, afirmó que en los países industrializados “un 20% de la incidencia total de enfermedades puede atribuirse a factores medioambientales. En Europa, una gran proporción de muertes y años de vida ajustados por discapacidad (DALYs) en el grupo en edad infantil es atribuible a la contaminación del aire interior y exterior. Un dato significativo es que 1/3 de las muertes en el grupo de edad de 0-19 años es atribuible a exposiciones ambientales: contaminación del aire interno y externo, agua y saneamiento, sustancias y preparados químicos y lesiones producidas por accidentes”.
Sin dudas la desigualdad y la explotación social insertas en los sistemas de explotación natural son dos factores de gran incidencia para que también en los países en vías de desarrollo el daño ambiental genere a su vez graves consecuencias para la salud humana. Al menos así lo demuestran investigaciones llevadas adelante en toda Latinoamérica.
En un reciente comunicado, la Red Latinoamericana de Organizaciones No Gubernamentales de Personas con Discapacidad y sus Familias (RIADIS), publicó un contundente texto titulado “Agrotóxicos y salud: enfermedades y discapacidades prevenibles”. En el mismo, Ana Dones notificó que el Comité Ecuatoriano Inter Institucional sobre las Fumigaciones (CIF) “comprobó, dentro de Ecuador, el impacto de las fumigaciones colombianas del Plan Colombia, a dos, cinco y diez kilómetros de la frontera. Afecciones respiratorias, digestivas, de la piel y oculares. Riesgo de cáncer, de malformaciones congénitas y de abortos espontáneos, los que aumentaron en un 800 por ciento en dicho país”.
Según la misma organización, nuestro país no se queda atrás, por el contrario: “En Argentina, los casos de malformaciones por contacto con agroquímicos superan diez veces la media. La estadística normal de casos de malformación del tubo neural es de uno en cada mil niños nacidos vivos, pero en Misiones la estadística es de doce casos de malformación por cada mil. El 87% de los casos de malformación se registran generalmente en pacientes que habitan en zonas rurales y están en permanente contacto con agroquímicos, son hijos de trabajadores de las plantaciones de tabaco y yerba mate”, asegura la prestigiosa entidad.
Riadis, red conformada por organizaciones de personas con discapacidad de diecinueve países de América Latina y el Caribe, hizo hincapié en dos sustancias agroquímicas como las principales responsables en Latinoamérica de esta tragedia ambiental.
Por un lado, la crítica más dura está dirigida a la Dioxina o Agente Naranja, “sustancia usada en Viet Nam y que se sigue utilizando en Misiones en las plantaciones de tabaco, a pesar de que se conoce su alto grado de toxicidad. El agente naranja produce graves alteraciones en el organismo como, vómitos, ataques de epilepsia, edemas de pulmón, arritmias cardíacas que derivan en muerte y severas discapacidades neurológicas como mielomeningocele, espina bífida, retardo mental grave”.
Y en segundo lugar, Dones habla puntualmente del glifosato. “Otro tema que incumbe a los países del MERCOSUR es el floreciente negocio de la soja, cuyo principal agroquímico es el tristemente célebre Roundup de Monsanto (glifosato). Sólo en el año 2007 el cultivo de soja consumió el 94% de glifosato usado en la Argentina, unos 178 millones de litros y esta cifra aumenta cada año con el incremento de la superficie sembrada. Las consecuencias del glifosato para la salud son cada vez más evidentes para el mundo pero pareciera que para América del Sur ese no fuera un problema, las mismas enfermedades y discapacidades antes comentadas se viven en todas las zonas rurales donde se cultiva la soja. El médico Rodolfo Páramo, del Hospital de Malabrigo, Santa Fe, reveló que la proporción de nacimientos de bebés con malformaciones es muy grande, como así también los distintos tipos de cáncer. Y advirtió contra el uso indiscriminado del glifosato, el ‘cual no se degrada al contacto con la tierra’”.
Si bien para la diputada Perié es importante el haber llegado a una instancia de concientización en el Congreso de la Nación, queda pendiente el articulado del proyecto de ley y la recolección de la mayor cantidad de firmas del resto de los diputados de todos los bloques y provincias, para que éste pueda ser tratado lo antes posible en la Cámara baja.
Por otra, los agrotóxicos no son los únicos responsables en el país de causar malformaciones y discapacidades; los contaminantes vertidos a lo largo de todo el Río de la Plata, la explotación minera a cielo abierto y los vertederos de muchas curtiembres en el interior estarían provocando un desastre silencioso del que pocos medios quieren hacerse eco.
Ante este panorama aterrador, ¿ha llegado el momento de que las áreas oficiales y las organizaciones de la sociedad civil involucradas con la discapacidad se hagan eco de esta tragedia ambiental y humana?
El fantasma del glifosato
El glifosato es un cuestionado componente del herbicida Roundup, de la empresa Monsanto, utilizado comúnmente para la eliminación de hierbas y arbustos en extensos territorios donde se cultiva soja (alrededor del 60% del área cultivable de Argentina).
Ante la gran cantidad de denuncias recibidas sobre los posibles efectos tóxicos de esta sustancia, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner instauró en febrero pasado la Comisión Nacional de Investigación para hacer un seguimiento sobre sus efectos en la población.
Una de las mayores denunciantes y autora de un proyecto de ley para la prohibición del uso de glifosato es la Diputada Nacional Julia Perié, quien junto a especialistas como el doctor Juan Carlos Demaio, el científico Andrés Carrasco y la abogada Graciela Gómez han realizado serios estudios y contundentes acusaciones.

En su proyecto de ley, Perié cita las pesquisas de Andrés Carrasco, investigador de la UBA y el Conicet, “quien confirmó mediante ensayos de laboratorio el efecto devastador del glifosato en embriones, aun en dosis muy por debajo de las utilizadas en los campos de soja. Manifestó, ‘No descubrí nada nuevo. Sólo confirmé lo que otros científicos descubrieron y, sobre todo, lo que centenares de pueblos fumigados vienen denunciando’. Desde entonces, fue blanco de presiones de las empresas del ramo y sufrió amenazas e intimidaciones. El científico defendió su investigación y aseguró que “nada justifica el silencio cuando se trata de la salud pública”.
Entre distintos referentes médicos y científicos, en el proyecto se citan los hallazgos de distintos médicos de las provincias más afectadas por estas sustancias. Según consta en el escrito adjunto del Dr. Alejandro Oliva, médico e investigador y encabezado por el Hospital Italiano de Rosario, se vincularon malformaciones, cáncer y problemas reproductivos con exposiciones a contaminantes, entre ellos el glifosato y sus agregados. “Los hallazgos fueron contundentes en cuanto a los efectos de los pesticidas y solventes”, afirma Oliva. El estudio abarcó seis pueblos de la pampa húmeda y encontró “relaciones causales de casos de cáncer y malformaciones infantiles entre los habitantes expuestos a factores de contaminación ambiental, como los agroquímicos”.
También se cita al Dr. Rodolfo Páramo de la provincia de Santa Fe, quien relacionó los agroquímicos con el cáncer en la localidad de Malabrigo. “El médico destacó que en esa localidad del sur del departamento Gral. Obligado en menos de un año nacieron 12 chicos con malformaciones. Dijo que el glifosato no se degrada al contacto con la tierra, y que ‘no nos damos cuenta que nos están matando de manera lenta y profunda’”.
Pero sin dudas uno de los testimonios más concluyentes es el del Dr. Hugo Gómez Demaio, jefe de Cirugía Infantil del Hospital Provincial de Pediatría de Posadas, director del proyecto Uso de agrotóxicos y malformaciones congénitas humanas, quien tiene más de dos décadas investigando el impacto de los agrotóxicos en el genoma humano. “Desde 1987, Demaio comenzó a realizar investigaciones por constantes nacimientos de niños con mielomeningoceles, una falla en el cierre del tubo neural, lo que aparece como la exposición de la médula. ‘Es una enfermedad que produce parálisis de miembros inferiores, incontinencia urinaria y anal, entre otras complicaciones que requieren rehabilitación y un promedio de entre ocho, 10 y hasta 20 operaciones’ (…). Al tomar conocimiento de la gran cantidad de casos en la zona estudiada en Colonia Alicia, se comprobó que los recién nacidos eran hijos de familias afincadas en las zonas tabacaleras donde se utiliza gran cantidad de agrotóxicos, por lo cual se realizaron estudios que permitieron constatar que todos tenían en su cuerpo hidrocarburos policíclicos aromáticos, a los que eran susceptibles. De esta manera, se comenzó a estudiar casos con mielomeningoceles, que Demaio consideró la punta del iceberg, ya que empezamos a estudiar la genotoxicidad, que es la modificación del genoma humano. Fue cuando empezamos a ver que además de mielomeningoceles, se presentaba la genotoxicidad, que es la intoxicación crónica por el uso de estos agrotóxicos”.
La Organización Mundial de la Salud advierte que el glifosato está encuadrado en la máxima categoría entre las sustancias tóxicas para el ser humano, “siendo capaz de romper la cadena de ADN de una célula humana, la que podría continuar con vida y degenerar en enfermedades terminales. En nuestro país, se utilizan entre 180 y 200 millones de litros de este herbicida desarrollado por la multinacional Monsanto y, desde su desembarco en el país, en 1997, se ha expandido hasta las 18 millones de hectáreas”, alega Perié.
Aunque el tema comenzó a salir a la luz con más fuerza a partir del año pasado, las primeras noticias sobre las posibles consecuencias del glifosato en la salud datan del año 2005. En esa época ya se hablaba de que en la provincia de Misiones nacían 5 de cada 1000 niños afectados de Meliomeningocele, reiterándose los casos en las zonas tabacaleras y papeleras, donde se usan agrotóxicos con mayor frecuencia. Uno de los principales portavoces fue el Dr. Demaio, quien ya afinales de la década del 80 comenzó a detectar un gran número de chicos con mal formaciones del sistema nervioso central. “Cuando vemos qué presupuesto tiene para Latinoamérica Monsanto, que tiene su gran agencia acá en Posadas, 30 mil millones de dólares son los que invierten en agrotóxicos para que unos pocos sean muy ricos y para que todos los demás seamos discapacitados”, afirmaba Demaio por ese entonces.
Perié afirma que la problemática ya está siendo retomada por ciudadanos de las áreas urbanas y ve en ello un signo de mayor compromiso social: “un grupo de vecinos de un barrio de Vicente López, se acercó a participar (del Observatorio) con la preocupación de que la empresa concesionaria de los trenes fumiga las vías del tren, y lo hacen cerca de las ventanas de sus casas, por lo que el aire se torna irrespirable”.
A pesar de las presiones del sector agropecuario y de que el tema escapa a la atención de los grandes medios, la diputada Perié se mostró optimista por la repercusión del Observatorio y por el avance del proyecto. Según transmitió en declaraciones para la Asociación de Periodistas Ambientales, “hay más acuerdo de lo que yo pensaba. Estoy gratamente sorprendida con esa respuesta. Siempre la idea es contar con el apoyo de la mayor cantidad de diputados posible y creo que lo estamos logrando. El proyecto lo firmaré y lo presentaré al día siguiente de esta reunión”.
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Etiquetas: Glifosato, Investigaciones

Glifosato, toxicidad y reacciones

“Lo que sucede en Argentina es casi un experimento masivo”

Hace dos semanas denunció en Página/12 los efectos devastadores del compuesto herbicida sobre los embriones humanos. Esperaba una reacción, “pero no tan violenta”: fue amenazado, le armaron una campaña de desprestigio y hasta afirmaron que sus investigaciones no existían. Carrasco contesta y renueva sus cargos contra las multinacionales químicas.
 Por Darío Aranda

Amenazas anónimas, campaña de desprestigio mediáticas y presiones políticas fueron algunas de las consecuencias de un doble pecado, investigar los efectos sanitarios del modelo agropecuario y, más grave aún, animarse a difundirlos. En el segundo piso de la Facultad de Medicina de la UBA trabaja Andrés Carrasco, profesor de embriología, investigador principal del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) y director del Laboratorio de Embriología Molecular. Con treinta años de trabajo científico y académico, confirmó hace veinte días el efecto letal del glifosato en embriones, cuya marca comercial más famosa es Roundup, de la multinacional Monsanto. Sabía que vendría una réplica del sector, pero no esperaba que fuera de un calibre tan alto. “No descubrí nada nuevo. Sólo confirmé lo que otros científicos descubrieron”, explica, en su oficina pequeña y luminosa. Pasaron dos semanas complejas, con una campaña de desprestigio que aún no termina. Prefirió el silencio y avanzar en nuevas pruebas. Hasta que pusieron en duda la existencia de su investigación. “Creen que pueden ensuciar fácilmente treinta años de carrera. Son hipócritas, cipayos de las corporaciones, pero tienen miedo. Saben que no pueden tapar el sol con la mano. Hay pruebas científicas y, sobre todo, hay centenares de pueblos que son la prueba viva de la emergencia sanitaria.”
Veinte días atrás, cuando este diario difundió su investigación, ninguna empresa ni medio del sector retomó el tema. Pero tres días después se conoció otro hecho, inesperado: la Asociación de Abogados Ambientalistas presentó un amparo ante la Corte Suprema de Justicia, por el cual solicitó la prohibición de uso y venta hasta tanto no se investiguen sus efectos en la salud y el ambiente. Las empresas encendieron luces amarillas y comenzaron con comunicados, alarmadas por la posible baja de rentabilidad. Cinco días después, el lunes 20, el Ministerio de Defensa prohibió la siembra de soja en sus campos, haciéndose eco del efecto nocivo del agrotóxico. Fue un hecho político inédito, una cartera nacional alertó sobre los males de los agroquímicos. En ese momento, empresas, cámaras del sector, medios de comunicación y operadores políticos declararon el alerta máxima. Nunca antes las multinacionales del agro y sus voceros habían reaccionado tan violentamente. Durante toda la semana montaron una campaña en defensa de los agrotóxicos y, al mismo tiempo, de desprestigio hacia las voces críticas. El temor de los sostenedores de los agronegocios es la prohibición de su agrotóxico más famoso, uno de los químicos emblema del modelo agropecuario actual.
Glifosato, toxicidad y reacciones
–¿Esperaba una reacción como la que se dio?
–No. Fue una reacción violenta, desmedida y sucia. Sobre todo porque no descubrí nada nuevo, sólo confirmé algo a lo que otros habían llegado por otros caminos. Por eso no entiendo por qué tanto revuelo de las empresas. Hay que recordar que el origen del trabajo se remonta a contactos con comunidades víctimas del uso de agroquímicos. Ellas son la prueba más irrefutable de lo que yo investigué con un sistema y modelo experimental con el trabajo de hace 30 años, y con el cual confirmé que el glifosato es devastador en embriones anfibios; aun en dosis muy por debajo de las usadas en agricultura, ocasiona diversas y numerosas deformaciones.
–¿Los resultados son extrapolables a la salud humana?
–Los modelos animales de vertebrados que hoy se usan en la investigación embriológica tienen una mecánica del desarrollo embrionario temprano y una regulación genética común. Los resultados deben ser considerados extrapolables cuando un impacto externo los altera. El mundo científico lo sabe, y funcionarios de los ministerios también. Por eso, cuando encontré esas evidencias surgieron dos cuestiones a resolver, cómo seguir la investigación para saber cuál es la mecanística de un efecto que altera la forma normal del embrión, lo cual está en marcha. Y la otra decisión era cómo darla a conocer.
–¿Por qué la difusión se transforma en un problema?
–Porque no hay canales institucionales confiables que puedan receptar investigaciones de este tipo, con poderosos intereses en contra. Entonces la decisión personal fue hacerla pública, ya que no existe razón de Estado ni intereses económicos de las corporaciones que justifiquen el silencio cuando se trata de la salud pública. Hay que dejarlo claro, cuando se tiene un dato que sólo le interesa a un círculo pequeño, se lo pueden guardar hasta tener ajustado hasta el más mínimo detalle y lo canaliza por medios para ese pequeño círculo. Pero cuando uno demuestra hechos que pueden tener impacto en la salud pública, es obligación darle una difusión urgente y masiva.
–¿Es una práctica común dar difusión a un avance científico antes de estar publicado en una revista científica?
–Es algo totalmente común. En el país hay instituciones que todos los días difunden sus progresos científicos, que hasta poseen agentes de prensa que difunden los avances; nadie los cuestiona y los medios de comunicación los replican sin preguntar. Difunden progresos, sin papers, sin publicaciones y está muy bien. Pero claro, esas difusiones no afectan intereses de grupos poderosos.
–Pero existe una tensión en el ámbito científico sobre cuándo dar a conocer un avance.
–La tensión es si la divulgación debería esperar a ser “aprobado” (remarco las comillas porque es todo un tema aparte, que lleva años). Ahora, si la investigación tiene implicancias más allá de lo académico, afecta a la sociedad, el dilema moral es si me lo guardo hasta que termine el más mínimo detalle y mi narcisismo esté satisfecho, o prendo el alerta. Yo decidí dar la alerta, e insisto en que no es nada nuevo, hay antecedentes claros como Robert Belle y Gilles-Eric Seralini, que han hecho estudios con otros modelos, publicados, y con resultados más importantes que los míos. Lo que tendrían que hacer las instituciones, en vez de atacarme, como está sucediendo desde algunos funcionarios y las empresas, es informarse y comenzar a trabajar para remediar lo sucedido.
–Las empresas, y los medios, de los agronegocios sostienen que no hay estudios serios.
–Hay investigaciones en diversas partes del mundo y son muy serias, como las que acabo de mencionar. Las empresas y sus periodistas empleados descalifican una investigación, pero al mismo tiempo no escuchan la catarata de cuadros médicos palpables en las zonas sojeras; las provincias están plagadas de víctimas de agrotóxicos, pero ahí los diarios no quieren llegar, y mucho menos las empresas responsables. No entiendo por qué mi relato tiene más importancia que el de las Madres de Ituzaingó (barrio de las afueras de Córdoba, emblema de la contaminación con agroquímicos). Los médicos de las provincias están desde hace años denunciando, los campesinos y las barriadas urbanas también. Y queda todo silenciado. Es una evidencia de la realidad y es incontrastable. Yo me inspiré en esa realidad y los resultados son los conocidos. Las empresas del agro, los medios de comunicación, el mundo científico y la dirigencia política son básicamente hipócritas respecto de las consecuencias de los agrotóxicos, protestan y descalifican una simple investigación pero no son capaces de observar las innumerables evidencias médicas y reclamos en Santiago del Estero, Chaco, Entre Ríos, Córdoba y Santa Fe.
–¿Qué otros trabajos existen?
–Belle y Seralini en Francia. También hay trabajos de la Universidad Nacional del Litoral y de investigadores como Alejandro Oliva, de Rosario, que contó con la colaboración del INTA y Federación Agraria. Hay relevamientos de los doctores Rodolfo Páramo (Santa Fe) y Darío Gianfelici (Entre Ríos). No son muchos estudios, pero existen, son serios y están disponibles.
–¿Por qué el sector científico no estudia?
–Porque no en todo el mundo hay tan enorme cantidad de hectáreas con soja como se da en la Argentina. Hay casi 18 millones de hectáreas. Desde el punto de vista ecotoxicológico, lo que sucede en Argentina es casi un experimento masivo.
Las corporaciones y la ciencia
–Se intentó deslegitimar su investigación diciendo que la UBA y el Conicet no sabían de su trabajo.
–La UBA y el Conicet son organismos de gestión, no tienen por qué conocer todo lo que hago yo o lo que hacen todos sus investigadores. Está dentro de nuestras facultades definir las líneas de trabajo, investigar y dar a conocer resultados. Es la lógica de la investigación. Por eso yo no tengo que pedir autorización para iniciar una idea o un tema nuevo y ellos no tienen por qué conocerlo, porque la ciencia no funciona con organismos fiscalizadores de los temas que elegimos. Forma parte de la libertad académica, nos movemos por hipótesis, preguntas y desarrollamos investigaciones. También se dijo que el Conicet, como institución, no suscribió a mi investigación. Y es verdad, porque no se lo pedí y no tiene por qué suscribir en el marco de una idea nueva dentro de la amplitud de un proyecto. Es lo que sucede en centenares de investigaciones que se realizan. Que quede claro, el Conicet no tiene responsabilidad sobre mis decisiones. Es una decisión personal, como corresponde, no institucional. Y está dentro de mis facultades. Tampoco se requiere autorización institucional para desarrollar investigaciones, aunque sabemos que algunas son más resistidas que otras.
–Son públicos los convenios entre Conicet y la minera Barrick Gold, y también con Monsanto, con la cual hasta contaban con un premio de investigación conjunto (“Animarse a Emprender”). ¿Las investigaciones que pudieran ser críticas con esos sectores son menos bienvenidas que otras?
–(Sonríe.) Prefiero no responder.
–¿Usted podría investigar para Monsanto?
–Desde ya. El Conicet y la UBA lo permiten. Es más, muchos científicos trabajan desde hace años para empresas de biotecnología bajo la figura de asesor-consultor, por la cual el Conicet permite hasta doce horas semanales que sus investigadores provean servicios al sector público o privado.
–Se acusa a su investigación de no estar validada en una publicación científica.
–Es una chicana barata, de cuarta, que sólo muestra el temor de las empresas. En el mundo científico es sabido que la validación de un trabajo no se da por su publicación en una revista del sector. Es más, los científicos somos testigos de errores e incluso fraudes que se publican en revistas especializadas. Muchas veces se publica algo y luego se demuestra que es erróneo. Y, por otro lado, muchas veces hay investigaciones que no se publican no porque sean malas, sino porque a la revista no le interesa, sea por línea editorial o intereses en juego. Un ejemplo personal: en 1984 descubrimos genes muy importantes para el desarrollo embrionario, genes Hox. Publiqué dos papers en Cell, una de las mejores revistas del mundo, y había quienes creían y quienes no. Tuvieron que pasar años para que la comunidad científica lo validara.
–El Laboratorio de Embriología es dependiente del Conicet. ¿Su trabajo tiene que ser validado por el Conicet?
–Que por favor quede claro, ni el Conicet ni un comité editorial validan investigaciones, lo que hacen es evaluar la evidencia que uno presenta y juzgan la solidez desde la presentación. No tienen forma de verificar los resultados en forma práctica. La única certeza de una validación se da en que otros investigadores puedan repetir de forma sistemática, y hasta perfeccionada, los resultados de la investigación realizada.
–¿Cuándo va a compartir su trabajo para ponerlo a discusión de la comunidad científica?
–En breve. Debo terminar algunos ensayos y estará listo. Lo que más quiero es pasárselo a colegas, investigadores que repliquen el trabajo. De hecho ya lo he compartido con pares del país y del exterior. Desde ya que debieran ser estudios independientes, no los provistos por las corporaciones o espacios del Estado a su servicio.
–¿Monsanto podría replicarlos?
–Si contrata investigadores idóneos, sí. No tengo dudas de que lo hará y todos sabemos a qué resultados llegarán.
–¿Cómo continuará la investigación?
–Ya confirmamos las malformaciones. Ahora estamos avanzando en conocer cuál es el mecanismo de acción, es un paso más. Como es un trabajo científico, continuaré con el grado de libertad académica de que dispongo, tratando de ver cuáles son las causas mecanísticas y moleculares de las observaciones hechas para publicar los resultados. Aparte del anfibio, que nos sirve de modelo, extenderemos los experimentos a otros modelos de desarrollo embriológico, como aves.
–¿Puede suceder que, con estas nuevas pruebas, los resultados difundidos –de malformaciones– no se repitan?
–No hay forma. Porque fueron experimentos controlados, en los que fuimos rigurosos. Y, además, porque ya hay evidencia científica que va en ese sentido. Por eso, insisto, no descubrimos nada nuevo. Yo llegué a un resultado y creo en él. Si la comunidad científica llega a otra conclusión, bienvenido sea. El centro del problema no debiera ser esta investigación. Sería querer tapar el sol con la mano. Yo sólo aporté un punto más a la discusión. Pero hay sectores que quieren cerrarla, ni siquiera por convencimiento ideológico, sólo por conveniencia económica.
–Se acusa a su trabajo de usar un método erróneo con el glifosato, y que por eso los resultados son devastadores: que las concentraciones de la experimentación nunca son las que eventualmente podría recibir un humano al ser aplicado en el campo. Hubo quien mencionó que “si ponemos gasoil en el vaso de leche, claro que ocasionará intoxicaciones, y no por eso se prohibirá el combustible”.
–Ese tipo de afirmación tienen varias facetas. Por un lado, muestra desconocimiento biológico, lo cual es entendible para quien no se dedica a esta rama de la ciencia. Pero, en boca de los voceros de las corporaciones, también muestra una intencionalidad lejana a la inocencia, con intenciones de desprestigiar una estrategia de análisis mundialmente aceptada. Entonces sí me parece una comparación poco seria, maliciosa e hipócrita. Es sabido, tanto en la comunidad científica como en el sector agropecuario, que la aspersión del herbicida afecta ecosistemas, operando directa o indirectamente sobre insectos y otras especies animales cuando se ponen en contacto con el herbicida. O sea que además de células vegetales, también afectan organismos compuestos por células animales. Nuestros experimentos alertan que tanto el cóctel comercial como la droga pura en células animales generan alteraciones del desarrollo embrionario. Por lo tanto el glifosato dentro de la célula embrionaria altera el funcionamiento celular, tal como sucede en las células vegetales de las malezas. Por otra parte, ya está probado que los herbicidas se trasladan por la acción del viento. Es una prueba de la realidad, incontrastable, el padecimiento de familias de campos linderos y de barrios cercanos a las fumigaciones. Por lo tanto, el glifosato puede atravesar barreras respiratorias y/o placentarias y entrar a las células embrionarias, incluso existen avances científicos en esa dirección, como también existen registros de glifosato y de sus posibles metabolitos presentes en mujeres embarazadas. Esto podría correlacionarse con potenciales efectos malformativos. Por lo tanto, desentrañar si el glifosato puro inyectado tiene efectos sobre el comportamiento de células embrionarias animales durante el desarrollo era ineludible en una estrategia experimental correcta, e insisto que utilicé una estrategia de análisis clásica de la investigación científica.
–¿Cree que hay que prohibir el glifosato?
–En mi trabajo yo no planteo eso. Y no es de mi competencia proponer una medida de ese tipo. Lo único que afirmo, respaldado en 30 años de estudio en la regulación genética embrionaria, es que este producto genera alteraciones en el desarrollo, estoy seguro de eso.
–Sus resultados no se corresponden con la clasificación del Senasa o las recomendaciones de la Secretaría de Agricultura.
–Es un claro problema de ellos, que lo clasifican como de baja toxicidad. Todo lo contrario de lo que afirman estudios diversos, que confirman la alteración de mecanismos celulares y, sobre todo, contrario a lo que padecen familias de una decena de provincias. Es de locos pensar que no pasa nada.
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Etiquetas: Glifosato, Investigaciones

El glifosato y lo que no publican los grandes medios locales

Una publicación que es retomada por el Huffington Post vuelve a poner en tela de juicio la utilización del agroquímico y asegura que puede causar malformaciones. Muchos de los datos obtenidos fueron recopilados en Argentina.
La utilización del glifosato en Argentina es enorme. Se estima que en 2009 se utilizaron 200 millones de litros del agroquímico; en su mayoría vinculados con la soja transgénica. El nombre comercial del herbicida es Roundup y pertenece a la empresa Monsanto.

Hoy, el Huffington Post publica una nota esclofriante desde el título: “El herbicida más vendido causa defectos de nacimiento según los científicos”.

Sin embargo, el tema del glifosato y sus consecuencias es ignorado por los grandes medios argentinos como La Nación y Clarín que reciben pauta publicitaria de multinacionales que explotan el negocio de la soja transgénica y el glifosato.

El medio online norteamericano cita una publicación de Earth Open Source, una organización sin fines de lucro constituida en el Reino Unido, pero de alcance internacional que intenta avanzar para concretar una producción de alimentos sustentable. 

El informe que publicó la organización y que puede leerse aquí y la nota periodística del Huffington Post hacen referencia al “modelo argentino”, donde el glifosato es utilizado en altísimas cantidades para la plantación de soja transgénica.

El estudio, que denuncia que se han registrado mutaciones en embriones de animales, explica que ya en 1993 la industria de agroquímicos, incluida Monsanto conocían que se producían mutaciones como la dilatación del corazón en los conejos incluso con dosis bajas y medianas de exposición al glifosato.

De todas formas, tanto en Europa como en Estados Unidos los gobiernos a través de las instituciones correspondientes, han permitido el uso del glifosato por largos períodos de tiempo.

Sin embargo, al referirse al caso argentino, la nota señala: “El gobierno argentino ayudó a sacar al país de una recesión en la década de 1990, en parte, mediante la promoción de soja genéticamente modificada. A pesar de que era una especie de milagro para los agricultores pobres, muchos años después los primeros residentes lindantes a cosechas grandes, cerca de donde la soja creció comenzaron a reportar problemas de salud, incluyendo altas tasas de malformaciones congénitas y cáncer, así como las pérdidas de cosechas y ganado”.
Si bien el tema ya había sido abordado en años anteriores por Página/12, hoy la temática desembarcó en Estados Unidos. De hecho, el Huffington Post cita una nota del matutino argentino para señalar el aumento de casos de cáncer: “En marzo de 2010, un tribunal regional en la provincia de Santa Fe de Argentina prohibió las fumigaciones con glifosato y otros herbicidas cerca de zonas pobladas. Un mes después, el gobierno provincial de Chaco emitió un informe sobre estadísticas de salud de La Leonesa. El informe, que se publicó en el diario izquierdista (textual del Huffington Post) argentino Página 12, mostró que entre 2000 y 2009, tras la expansión de los cultivos de soja y arroz transgénicos en la región, la tasa de cáncer infantil se triplicó en La Leonesa y la tasa de malformaciones de nacimiento aumentaron casi cuatro veces más que en toda la provincia”.

Asimismo, el estudio Earth Open Source, cita un estudio de Andrés Carrasco un científico argentino quién también había denunciado públicamente los alcances nocivos del Glifosato en 2009 también en Página/12 en una nota que puede leerse aquí. De todas maneras, el informa elaborado por Carrasco fue cuestionado por el Ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, Lino Barañao porque se consideró que era "prematuro extrapolar esos hallazgos a lo que ocurre en los seres humanos".

¿Por qué los medios hegemónicos ocultan el debate? ¿Por qué hacen una encendida defensa del uso del glifosato? Como puede leerse aquí,  Nota 1 o aquí: Nota 2

Se trata de una encendida defensa de su uso por parte de La Nación, mientras que en otros lugares del mundo se abre la discusión sobre la peligrosidad de su utilización.

Mientras los medios hegemónicos cuestionan la pauta oficial, hacen una encendida defensa de los productos de sus anunciantes aunque éstos sean potencialmente dañinos para la salud y el medio ambiente tal como parecen indicar los estudios.
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Etiquetas: Glifosato, Roundup
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